viernes, 21 de septiembre de 2012

Autocrítica de la Diversidad. (Parafraseo del “Elogio de la Locura” de Erasmo de Rotterdam).


 Alejandro Prieto Gajardo
Profesor. Magíster en Educación.


Presentación

(Habla la diversidad).

Aunque haga la gente lo que quiera con mi persona (porque no ignoro las dificultades que pone la diversidad aún a los más diversos) no es menos cierto que yo, sí, yo sola, tengo el don de distraer a los dioses y a los hombres. Lo prueba que apenas he tomado la palabra ante esta numerosa asamblea, cierta curiosidad y ambigüedad se ha apoderado de vuestros rostros. Por lo tanto, lo que los científicos apenas logran producir después de largas investigaciones y cuestionamientos a teorías incuestionables, lo he conseguido yo con mi sola presencia.

En lo que atañe al asunto que hoy me trae ante ustedes, con este uniforme que tan mal me sienta, tiene que ver con la loca idea que se me ha metido de ejercer la crítica. No ciertamente como aquellos que verbalizan su rechazo al otro por la más mínima diferencia, considerándola un error porque no calza con su imagen de sí mismos, sino a imitación de los sencillos que saben que la crítica es la aplicación de un criterio también sujeto a la crítica. Vosotros, pues, vais a escuchar una crítica, no del sistema ni del anti-sistema sino de mi misma, es decir una autocrítica de la Diversidad.


De mi no esperéis que, siguiendo la costumbre de esos limitados hombres de ciencia, proceda por una definición de mi persona y menos por una división. Sería doblemente necio circunscribir dentro de ciertos límites a una realidad que se define por su indefinición y dividir a aquella que nace dividida. Y si a alguno se le ocurriera confundirme con la detallada disciplina de la descripción ¿No bastaría con la sola cercanía de mi persona para desengañarlo sin recurrir  a la palabra? En mi rostro sin maquillajes no finjo complacencias que no sienta mi corazón, en todas partes soy distinta de mi misma de tal forma que no consiguen disimularme incluso quienes se cubren con normas y uniformes.

¡Qué ingrato es ver a los hombres, que son mis más fieros detractores, alabar mi nombre para suavizar su imagen! Esos hombres que quieren pasar por amplios de criterio ¿no merecerían mejor el nombre de uniformadores de lo diverso?
  
Genealogía

Sepan ustedes que, como algunos ignoran mi genealogía, se las voy a exponer con ayuda de la razón. Mi nacimiento no se debe a la razón ni a la ciencia, ni a la religión ni a la filosofía, ni a la política ni a la economía (mucho me temo que incomodo sobremanera a todas ellas).  mi nacimiento se debe a la naturaleza. Me ha engendrado la naturaleza, madre de los hombres y los dioses, la naturaleza que, con un solo movimiento de cabeza, pone patas arriba las cosas sagradas y profanas sin diferenciarlas entre si; la naturaleza que ridiculiza a su arbitrio teorías, dogmas, doctrinas, ideologías, juicios y prejuicios, razonamientos, métodos, razones, causas y consecuencias, en una palabra, todos los intentos por reducirla y limitarla; la naturaleza cuyo poder destruye civilizaciones, imperios y, tal vez ese sea su placer, todo intento de salirse de ella y mirarla desde afuera.


Mi madre no me sacó de su cerebro como al cristianismo, al marxismo, al capitalismo, al anarquismo, al cientificismo y todos los anti relacionados con ellos. Mi origen no está en el trabajoso análisis intelectual ni en la construcción de mundos pretendidos, nací de su propio nacimiento y soy parte de ella.

Al abrir los ojos he sonreído dulcemente a mi madre y a mis hermanas. Si queréis conocerlas, os las presento a cada una. Aquella que no soportan los previsores se llama Incertidumbre, esa que no pueden aplacar los autoritarios se llama Libertad, la que no soportan los orgullosos se llama Insuficiencia, aquella que no comprenden los avaros se llama Sensibilidad y esa con la que tropiezan los impacientes es la Torpeza. Ellas son mis hermanas y habitan junto a mi en cada ser de la madre naturaleza aunque son rechazadas por esos mismos seres cuando las ven en su interior.

Culpas y disculpas: El temor

Conocen ya mi origen y mi familia mas, para evitar que se me acuse de inocente, voy a mencionar los perjuicios que doy a la humanidad. ¿Conocéis algo más perjudicial que la muerte? ¿Quién en manos de de los unificadores de lo diverso contribuye más a ella que yo?

¿Por qué no hablaros directamente como es mi costumbre? Decidme ¿Es acaso el progreso, la justicia, la patria, el pueblo, la fe u otra causa de las llamadas honestas, la que posee el poder de hacer que los seres humanos se maten unos a otros? Si no me engaño tal parece que no, sino más bien otra parte inconfesable para las grandes ideas orientadoras de la humanidad; el temor y la incomprensión hacia lo diverso. He aquí el siniestro manantial del que surge la muerte. Aquí entre nosotros ¿Quién montaría grandes expediciones a insondables distancias para defender una fe sino fuera por temor a lo diverso? ¿Quién examinaría acuciosamente el pensamiento del hombre para encontrar un ínfimo error doctrinario y mandarlo a la hoguera sino estuviera habitado por este miedo? ¿Quién enviaría a morir a sus enemigos políticos al encierro en el centro de Europa, al borde del ártico o al sur del Pacífico si aceptara lo distinto del otro? ¿Quién se apuraría por nombrar a todos los diversos, clasificarlos y darles un lugar en el orden mental si no fuera por esto? ¿Quién apuntaría con el dedo y, si es necesario con la pistola al que siente distinto, al que piensa distinto, al que ama distinto, al que habla, juega, come, viste y ama distinto si no fuera por esta causa? Por lo mismo, debéis el abuso al temor y el temor a la diferencia de lo que me culpo aquí ante ustedes.

Alguno se preguntará ¿Cómo sería la vida sin mí? Y me respondo que ciertamente mejor que ahora. Imaginad un mundo de iguales; igual necesidad, igual oficio, igual género, igual clase social, igual color y lengua, igual nación. Es mi sueño el sueño de algunos del fin de la historia y las disputas, el fin de las diferencias, por fin una sola forma de pensar y sentir, aunque debo reconocer que esto se transformaría en mi propia muerte y la de mis hermanas lo que lógicamente me afecta.


Además, últimamente, soy dada a pensar que por algo mi madre me dio vida, no creo ser hija no deseada ni mis hermanas tampoco. ¿Será capaz la naturaleza de dar a luz hijas de segunda categoría, hijas naturales si se me permite la paradoja? Más bien pienso que no y aunque no le he preguntado directamente a ella, ya que su característica más evidente es el silencio que habla, he pensado a veces que no soy yo el problema sino el temor que se me tiene.

Diversidad y posesión

Por otro lado, y aún considerando que el temor a mí es un factor de muerte que no es sólo mi culpa, creo que no puedo dejar de culparme por otra causa de muerte de la que me responsabilizo: la diferencia de posesiones entre los hijos de la humanidad.

No puedo dejar pasar esta innoble situación. Claro, ¿acaso no es parte de mí la diversidad entre los que mucho tienen y los que tienen poco? ¿Acaso se puede decir que en este aspecto el respeto a la diversidad no corre? En último caso, ¿no es responsabilidad mía acaso que los uniformadores de lo diverso utilicen mi nombre livianamente para mantener sus ganancias? Creo que en esto no hay otra disculpa que reconocer que esto es parte de mí, ni siquiera puedo rebatir a los que dicen que es una condición natural ya que soy la diversidad hija de la naturaleza. ¿Acaso no es mi responsabilidad que existan personas con mayor y menor capacidad de aprender de la vida? ¿No es por mí que algunos nacen en buena cuna, mesa y cama y otros apenas sobreviven? ¿Acaso no soy yo quien ha dado más facilidades a hombres que a mujeres, a occidentales que a orientales, a urbanos que a rurales, a rubios que a  morenos? ¿No es notorio eso en esas nobles instituciones que intentan uniformar y normalizar a vuestros vástagos que vosotros llamáis escuelas y universidades?

No os dejéis llevar por mi desazón, más bien combatid contra mí con energía para lograr ese mundo de iguales que tanto aprecio. Estoy dispuesta al holocausto si es necesario, es lo que pienso en mis momentos más sensibles. Sólo el consuelo de ver la calma y prudencia de mi madre me tranquiliza. Ella parece exculparme con su rostro, parece decirme: “Tranquila hija mía, no es tu culpa, tu eres hija de la naturaleza”. Cuando eso ocurre pienso, equivocadamente, por cierto, que esa diferencia de posesiones no es por mí, de lo contrario no sentiría esta angustia cuando hablo de ella. En esas ocasiones pienso que a diferencia de mí, esa diferencia no es hija de la naturaleza, que de alguna forma también podría ser hija del temor, como si algunos de vosotros temierais perder lo mucho o lo poco que poseéis y eso les hiciera atesorar lo que otros necesitan, o incluso sin tener razón aparente temierais cualquier cambio social por perder lo que poseéis o algo de lo que poseéis.


Entiendo vuestra ira ante este argumento pero debéis comprender, si bien mi sueño es el sueño de algunos que anuncian el fin de la historia, no dejo de preguntarme si ese sueño es tan ideal cuando aún permanecen tantas diferencias entre lo que tienen unos y otros. Lo sé, es probable que aparezca  mi argumento como un intento de justificarme, asignar mi propia responsabilidad al temor que despierto en vosotros.

Confesión

Es claro que vine a hacer una autocrítica y he terminado justificándome, lamento si esto os molesta. Sólo pretendía que, al conocer a mi madre natural, me entendierais mejor a mí aunque aún no os he presentado a alguien importante en mi familia. También soy hija de la Complejidad. Sí, tengo dos madres, y sé las resistencias que esto crea en vosotros, no seré la primera ni la última en sufrir el desprecio por tal situación. No me avergüenza, sólo les pediría que comprendieran.

Mi infancia y la de mis hermanas fue feliz, mi madre Naturaleza y mi padre Conocimiento se amaron desde que se vieron. Como en toda relación sus primeros años fueron marcados por al fascinación y el enamoramiento y nosotras éramos parte de eso, veíamos como se amaban. En mi inocencia no comprendí bien que pasó entre ellos ni que produjo que mi padre se distanciara. Sólo recuerdo sus intentos por controlar a mi madre, su resentimiento por la libertad que ella demostraba, por su imprevisión y experiencias, que a nosotros nos fascinaban, y que él no podía controlar. Por otro lado, Incertidumbre, Insuficiencia, Libertad, Sensibilidad y Torpeza adheríamos a las locuras maternas, así las llamaba él, y sentíamos su desagrado hacia nosotras. Mi padre se fue encerrando en sí mismo y un día, sin que nos diéramos cuenta, se fue del lado de mi madre. No tengo rencor, sé que es un buen hombre.


Luego de un tiempo de soledad mi madre conoció a Complejidad, ella permite que yo la trate de tú, y aunque vive con nosotras hace poco apreciamos tanto el cariño que nos demuestra que cada una de nosotras se siente la preferida por ella. Ni hablar  de lo dichosa que se ve mi madre, creo que se siente verdaderamente comprendida y cuando hay cosas que Complejidad no entiende, sencillamente las deja pasar para comprenderlas en otra ocasión.

Somos una familia atípica, lo sé. También sé que, desde que mi padre vive con Normalidad, hacen comentarios despectivos hacia nosotras considerándonos poco serias y calificando nuestra vida como desordenada.

Invitación

Sin embargo, mi intención ha sido que vosotros comprendáis que yo, Diversidad, conozco mis limitaciones y soy capaz  de hacer una autocrítica sincera. Disculpen si en algo ofendí a quienes nombré directa o indirectamente, pero créanme que no hubo rencor ni revancha en mis palabras. Créanme, además, que he vivido siempre entre vosotros y esta novedosa preocupación de ustedes por mí a la vez me alienta y me intimida. Me alientan sus palabras referidas a reconocerme y aceptarme, pero me intimida cuando intentan definirme, clasificarme, sospecho que me temen y que buscan controlarme.

No quiero ser negativa, al fin y al cabo nos conocemos hace tan poco que nuestra relación tiene un camino de conocimiento y reconocimiento mutuo por delante, y créanme que este acto de aceptación de mis limitaciones no es otra cosa que una primer paso para que vosotros, si deseáis, den el segundo; reconocer sus propias limitaciones para poder sentarse a la mesa y hablar sin reticencias con mi madre Naturaleza, mis hermanas Incertidumbre, Insuficiencia, Libertad, Sensibilidad y Torpeza y conmigo; la Diversidad.


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